jueves 10 de julio de 2008
La piedra que soy
deambula inconsciente por ahí,
es y no es un grosor en la mirada,
la jaula de caramelo ácido
en blister de metal.
Suenan cornetas pidiendo, entre idecisiones,
una víctima más.
Nosotros austeros corriendo (llevando al que
no vendrá).
Golpes son truenos en la noche negra.
Sangre de colores y cuerpo de acero
nadando en la tierra;
todas las palabras resultan inexistentes
para nombrarlos,
entra la procesión al mundo, sonrisas, abrazos.
El agua tiniéndose en tu boca dulce
en tu piel inquieta;
el mar es una laguna de dientes
afilados y colmillos.
Hay imagen, hay dios.
La fila haciéndose sombra gaseosa
frente a la luz,
huir es sólo una excusa mientras
nuestros golpes son certeros,
en el pararaíso los enemigos caen lento
y nuestra eternidad vuelve a equivocarse.
Emiliano D
viernes 6 de junio de 2008
Pelotudos 2.0 – La Victoria
El “democratismo” del que habla José Pablo Feinmann se refiere claramente a la posibilidad de que cualquiera pueda publicar sus opiniones en un medio sumamente poblado y utilizado a diario sin ningún tipo de problema (aclaremos que “cualquiera” se refiere sólo a personas con acceso a una computadora, a internet y con el tiempo de ocio suficiente como para dedicarse a ello: probablemente no haya muchos cartoneros que tengan un usuario en Facebook o adolescentes obligadas a prostituirse que tengan posibilidad de mantener su blog actualizado). Las primeras voces de protesta ante las quejas de JPF se levantaron, justamente, blandiendo la bandera democrática y de la libertad de expresión. Aún quienes estaban de acuerdo con Feinmann no se atrevían a desafiar la bravura discursiva del término “democracia”. Esto probablemente se deba a que la victoria liberal ha sido tan rotunda que ha llegado a transmutarse (como siempre sucede) en significado de bondad: la palabra “democracia” y sus derivados e híbridos significan “el bien incuestionable, la superación de todas las contradicciones y el imperio de lo único bueno y deseable”. Pareciera que es imposible cuestionar a quien reclama sus derechos en nombre de la democracia y eso es algo que tampoco a JPF se le ha escapado cuando habla de “democratismo”. No obstante, no estamos ahora hablando de la legitimidad de la democracia como expresión del bien común sino de qué es esto de la libertad de expresión.
Está claro para la mayoría de quienes han apoyado y criticado a JPF que los regímenes totalitarios coartan la libertad de expresión y sólo se publican determinadas opiniones en los medios de comunicación masiva y que esto es algo indeseable. Con el surgimiento de nuevas posibilidades de comunicación massmediática que no requieren de editores ni de permisos personales de los dueños de los gigantescos medios de comunicación masiva (no olvidemos que la “libertad” de la que se goza escribiendo blogs, haciendo comentarios, publicando nuestros perfiles es sólo circunstancial y tranquilamente mañana mismo los accionistas de las enormes compañías que poseen estos medios o sus dueños pueden simplemente cambiar de idea: es decir, no es la tecnología lo que está permitiendo que cualquiera diga lo que quiera, no hay nada que haga en sí más “libre” a un blog que a un diario). Podemos decir, entonces, que momentáneamente los medios digitales que ejemplificamos a través del blog son infinitamente más abiertos y populares que los medios gráficos, radiales y televisivos, y eso es un hecho.
Partiendo de allí tenemos, entonces, que plantearnos si en nombre de la libertad de expresión y de la facilidad que ofrece un blog para publicar nuestras ideas podemos hacer cualquier cosa. ¿Está bien que cualquiera diga lo que piensa sobre cualquier cosa? ¿Está bien el mecanismo que se utiliza para hacerlo? Nosotros creemos que no cualquiera puede opinar sobre cualquier cosa. Sí puede hacerlo en su foro íntimo y a modo de charla insustancial, pero publicar algo nos construye ante los otros (nos construye, a secas) y nos obliga a ser muchísimo más responsables. Personalmente, no sabemos nada sobre operaciones coronarias. Eso no nos impide decirles a nuestros amigos que nos preocupa la noticia acerca de que los betabloqueantes pueden resultar perjudiciales durante una cirugía de algo riesgo y decirles que nos parece que estas drogas no deberían utilizarse hasta comprobar exactamente qué complicaciones pueden ocasionar. No obstante, sería irresponsable que publiquemos en nuestro blog un post en contra de la utilización de betabloqueantes durante las cirugías ya que nada serio podemos aportar nosotros sobre el asunto.
Creemos que acá encontramos uno de los puntos clave: no cualquiera puede expresarse sobre cualquier cosa de forma pública, es necesario un conocimiento sobre el tema (y ya que hablamos de un medio de expresión escrita, requiere también un entrenamiento de lectura y escritura previos a la publicación de cualquier cosa). Sin embargo, nos topamos en este punto con la pregunta obvia “¿quién decide quién puede publicar y quién no?”. Es lo que, en parte, reclama Feinmann cuando critica a los blogs: pide a gritos un editor, alguien que separe la paja del trigo. El editor muchas veces hace de una colección de libros, de un diario o de un programa televisivo algo extraordinario: su capacidad de selección y coherencia editorial nos entregan un producto ordenado, homogéneo y finamente pulido, y otras tantas veces hacen mucho menos que eso y los resultados son desastrosos. Lo que sucede, y es cuando comienzan las susceptibilidades, es que el editor es una figura de poder, un censor, un filtro que no todos podemos pasar.
Una vez una importante editora dijo “el editor es imprescindible ¿se imaginan ustedes yendo a una librería y tener que elegir entre millones de libros que no han pasado por el más mínimo proceso de selección?” Sería caótico, es cierto, sería muy difícil dar con algo de calidad y casi imposible encontrar un libro escrito sin errores de ortografía, coherencia, cohesión, etc. Sería trivial, por otro lado, dar ejemplos de procesos de selección que han dejado afuera a personas que con el tiempo han sido reconocidas como artistas geniales. ¿Pero es lo mismo un libro que un blog? No es lo mismo, en principio, porque son soportes absolutamente diferentes. El libro es un objeto material, asible y tiene un valor monetario (requiere dinero para su producción y cuesta dinero adquirirlo) mientras que el blog es inmaterial, gratuito y nos da la posibilidad de visitarlo un instante y huir hacia otro blog si el que visitamos no nos gusta (lo que también convierte al lector en un monstruo que debe ser alimentado constantemente con las frutas más dulces si no queremos que escape en el segundo párrafo). Así, en términos económico-especiales se hace imprescindible un proceso de selección de textos a ser publicados como libros mientras que la publicación de un blog no genera estos problemas. Del soporte podríamos hablar mucho tiempo: sobre el tipo de lectura que puede realizarse con un libro y la que puede hacerse con un monitor, el ambiente en que se da cada una, etc. pero eso lo dejaremos para otra ocasión.
Las editoriales contemporáneas, en su mayoría, han perdido mucho del prestigio que gozaban justamente por ser exquisitas selectoras de textos debido a que se han rendido antes los intereses comerciales y publican lo que se vende y no lo que consideran literariamente interesante. ¿Qué algo se lea es sinónimo de que es bueno y de que debe publicarse? Si hoy se publicaran por primera vez los textos de Borges ¿cuántos ejemplares de ese libro se venderían? Probablemente muchísimos menos que de Harry Potter, de algún libro de Bucay e inclusive menos que del reciente libro del simpático conductor de TVR. No vamos a decir que Harry sea malo, que Bucay sea una suma de sabidurías populares escritas en forma de fábula o que el conductor de TVR se tendría que haber dedicado un poco más a leer antes de ponerse a escribir ¿pero quién puede negar que Borges es mucho mejor y que aún así se vendería muchísimo menos y pasaría casi desapercibido? El editor es una figura necesaria en el mundo literario y más aún lo son hoy día los buenos y valientes editores y las editoriales independientes manejadas por éstos.
Podría pensarse en el blog como una posibilidad de desmentir a los inescrupulosos editores que rechazan nuestros originales demostrando todo nuestro talento: sería verdaderamente genial. Si el blog fuera una grieta en el sistema, sería fantástico: pero no se trata en absoluto de una grieta. ¿Qué mejor que tener cientos de miles de blogs repletos de opiniones banales y propias del más estúpido, fanático y reaccionario sentido común? Nunca daremos con nada de valor, nunca encontraremos arte o inteligencia que nos propongan un mundo diferente, se perderán –nos perderemos- en la inmensidad de posibilidades desastrosas. Esto perjudica no sólo a los “viejos” que sólo publican en medios gráficos sino también a la gran cantidad de bloggers talentosos que existen. La libertad es la mayor responsabilidad de todas, no es algo que deba manosearse, masticarse y, si no cumple con nuestros deseos de forma instantánea, dejarla tirada por ahí como hacemos con los miles de volantes que recibimos en la calle, que no nos interesan en absoluto y sólo multiplican la basura en la ciudad.
Crear una editorial digital blogger que presente los blogs que considera interesantes sería una buena idea (que se me hace imposible saber si ya está siendo llevada adelante). De esta manera alguien capaz y entrenado seleccionaría los blogs que estén bien y los firmaría, les daría su voto de confianza y los lectores podríamos ver sus listas y buscar escritores capaces. Así no se coartaría la “libertad” de quienes escriben lo que quieren y cómo quieren pero se premiaría y ordenaría a los que determinado grupo de personas considere buenos escritores. Pero esto no es más que un paliativo, una solución práctica a un problema que la supera y excede notablemente.
La responsabilidad que conlleva tener libertad para hacer algo requiere entrenamiento y estamos ante la oportunidad de practicar. El blog, como tecnología, ejerce una fortísima tentación de irresponsabilidad: el botón de publicar está debajo de la caja de texto, nos invita a vomitar nuestra prosa adolescente y a publicarla no ya sin el filtro de un editor sino sin siquiera el nuestro: no hay relectura, no hay trabajo sobre el texto, no hay nada. La inmediatez que presenta un blog se puede justificar debido a que no fue pensado para textos de opinión o para textos literarios sino como un diario anti-íntimo (pero las licencias que admite un diario íntimo existen sólo porque es íntimo, cuando publicamos queremos expresar lo mejor de nosotros y no lo que sale en el momento). Cualquier tipo de dilación entre nuestros deseos de hacer públicas nuestras brillantes ideas y la publicación de las mismas se nos hacen insoportable (por ansiedad y porque sabemos que mañana ya no tendrán importancia). Entonces, ¿cómo podemos esperar textos interesantes si no hay ni el más mínimo momento de pensamiento, relectura, organización de ideas?
El nombre que le hemos dado a este conjunto de textos es Pelotudos 2.0 ya que queremos pensar cómo funciona y qué significa esta nueva posibilidad (y exigencia) de que todos opinemos sobre todo, de cualquier manera, en cualquier ámbito. Para quienes no estén al tanto de por qué el “2.0” nada mejor que mandarlos a uno de sus mejores exponentes. En resumen, es un andamiaje ideológico que sostiene la idea de “comunidad” partiendo de que la globalización ya ha ganado la guerra, busca la multiplicación exponencial de opiniones y valoraciones individuales de cada suceso de Internet y exige a todo navegante ser usuario y a todo usuario, opinar o morir.
Esta primera entrega de Pelotudos 2.0 quiso plantear la problemática, en las siguientes entregas buscaremos ir más profundo. Específicamente, la próxima entrega, Pelotudos 2.0 – El hilo de Ariadna, intentará pensar el camino que se traza entre los blogs: existe un sistema editorial implícito en los blogs, cada autor recomienda otros autores y cuando uno tiene la suerte de dar con un buen blog puede seguir el camino que ha trazado su autor.
Leandro G.
miércoles 4 de junio de 2008
Te creí
Por perderte veo en jaulas a golpes de puerta cerrada
Lo que a no ser cierto debería preocuparme
Pero la cáscara no me deja tiene presente la cáscara rota
que en vano antes de conocerme te pedí implorante
Te dije necesaria te creí muerta para llorarme
Te encontré pérdida así es que escribo
A vos se parece la voz que me escribe
Y no me deja que seas lo que quiere
Rulo
viernes 23 de mayo de 2008
Hay veces que las voces
Hay veces que las voces
hacen piedra la garganta
para que exista lo grave.
Hay veces que veloces
nos arrojan a los huesos
por el sabor de la carne.
Sebas Rulo
jueves 15 de mayo de 2008
Fantasmas
Más allá de lo profundo
está el deseo,
dudas e interrogantes,
decepciones.
Hoy mis palabras son espejismos
sin sabor, con perfume
a derrota.
Se quiebra la voz,
tenues gemidos inciertos,
imágenes de redención.
detenidos mis pasos en la
arena del tiempo,
un viento seco cruzando
el desierto; puro engaño.
garabatos sin tinta
a gritos sueltos
a caricias de sangre.
sanar; quizá,
desaparezca nuevamente.
Emiliano D